Los antecedentes en Extensión: Problemas y sugerencias para la presentación de proyectos

En el marco de los Talleres sobre Formulación de Proyectos Extensionistas, el pasado 16 de septiembre miembros de los cuatro proyectos de la FA que tienen financiamiento de las Becas SEU relataron sus experiencias, y ofrecieron sus aportes sobre los problemas que pueden aparecer durante el trabajo en territorio y la manera de subsanarlos.

 

 

En el marco de los Talleres sobre Formulación de Proyectos Extensionistas, organizados por la Secretaría de Extensión de la Facultad de Artes, el pasado 16 de septiembre se llevó adelante el encuentro “Siempre es un problema sin antecedentes”. Allí los miembros de los cuatro proyectos que tienen financiamiento de las Becas SEU 2016 relataron sus experiencias, los problemas que aparecieron durante su trabajo en territorio y la forma en que los subsanaron.

Los participantes del taller fueron Itatí Romero y Ana Comes del proyecto “Emerge”; Santiago Viale y Natalia Ferreyra de “¿Me lo puedo llevar?”; Melina Ricca de “LIPMV. Un laboratorio”; y Cecilia Griffa de “Colectivo Teatro para Reconstruir”.

El objetivo del encuentro fue contribuir a la construcción de antecedentes extensionistas, área en la que existe muy poco trabajo al respecto, no sólo en nuestra universidad, sino también a nivel regional. A pesar de que los antecedentes son un insumo central al momento de formular y diseñar cualquier proyecto desde la universidad, en la labor extensionista los mismos son prácticamente inexistentes. En consecuencia, muchas veces la extensión es una invención constante de la rueda, por lo que esperamos que los puntos que aquí se reseñan sirvan a otros como un insumo más al momento de diseñar un proyecto de este tipo.

Los problemas que relataron los becarios pueden sintetizarse en tres ejes:

  • La definición operativa sobre lo qué es un proyecto
  • Las relaciones con instituciones y actores extrauniversitarios
  • La adecuada planificación sobre los recursos necesarios

 

Sobre la definición operativa de un proyecto 

Los cuatro grupos coincidieron en que, al momento de realizar el informe semestral en el mes de julio, sintieron que no estaban cumpliendo acabadamente con lo planificado por ciertos aspectos coyunturales, tales como las demandas emergentes por parte de los actores involucrados, el no cumplimiento de los compromisos asumidos, etc. Incluso manifestaron que por momentos se sintieron desanimados por no poder llevar adelante lo que se imaginaron como un aporte importante, en relación a valores relevantes como el papel de la universidad pública en su relación con el medio y en el cual invierten mucho tiempo de trabajo.

De algún modo, todos los participantes del encuentro compartían sentimientos parecidos y estas situaciones subjetivas dieron lugar a una discusión más sustanciosa sobre qué es, en definitiva, un proyecto desde una mirada más operativa. Allí surgieron numerosas ideas que pueden ser de utilidad para otros. En primer lugar, quedó claro que si el proyecto se piensa como un conjunto de acciones inamovibles, que deben respetarse de pies a cabeza durante un largo año, es muy posible que fracase. Esto se debe, particularmente, a que se interactúa con sujetos con demandas cambiantes hacia una institución como la universidad. En tal sentido, la propia dinámica de las actividades y algunas situaciones coyunturales dan lugar a que lo planeado no salga como se había planificado. Y esto siempre es y será así.

La forma en que los equipos de trabajo ensayaron algunas soluciones a los problemas encontrados rescatan que la flexibilidad de acomodar las situaciones emergentes a los objetivos del proyecto y la rapidez de reflejos para no dejarse arrollar por la situación son condiciones esenciales para la consecución de los objetivos. Así, por caso, se narraron casos como “¿qué hago si las condiciones edilicias para las actividades no son las adecuadas?”; ó “nuestro proyecto pretende integrar a toda la familia; pero los papás no participan nunca”; ó “los compromisos asumidos no se respetaron, lo cual atrasó el plan de trabajo”, entre otros inconvenientes narrados. Sólo incorporando actividades que no estaban planificadas permitieron salvar esos problemas. Así, la flexibilidad de los proyectos y la rapidez de reflejos para reaccionar a tiempo son esenciales y deben ser condiciones constitutivas de los mismos.

En este sentido, también se señaló que un proyecto es, en buena parte, una guía para la toma de decisiones, muchas de ellas sobre la marcha. Entendido de esta manera, lo que aparece en un primer momento como un problema, termina siendo una virtud del mismo. Así, en todos los casos se narraron experiencias que no formaban parte del proyecto original, pero que debieron hacerse para que el proyecto no naufrague. Los participantes relataron, por ejemplo, que se estaba en proceso de realización de un audiovisual sobre la Ley de Bosques; que se comenzó a trabajar con otros actores sociales que aparecieron en el proceso de trabajo; o que se tuvo que participar de un trabajo de selección de donaciones recibidas. En todos los casos, ninguna de esas acciones estaba prevista en el proyecto original, pero significaron un gran enriquecimiento para sus objetivos.

 

Sobre las relaciones con instituciones y actores extrauniversitarios

Esta cuestión salió a la luz en relación al incumplimiento de los compromisos asumidos por los actores extrauniversitarios y, más específicamente, algunas decisiones que tomaron de manera inconsulta personas que forman parte de los ejecutivos municipales donde se llevan adelante los proyectos y que se habían comprometido a proveer ciertos recursos.

Lo que surgió de la reflexión durante el taller es que, por un lado, la lógica que determina el accionar de las personas a cargo de funciones ejecutivas es la propia del proyecto político que se defiende. Así, cualquier aporte que provenga de otros sujetos debe ajustarse sin discusión a los propósitos políticos del gobierno municipal. En tal sentido, muchas veces queda fuera del horizonte una construcción dialógica sobre las actividades a desarrollar.

Por otro lado, la coyuntura política del propio gobierno municipal rige sus acciones, sin importar la planificación previa y, en consecuencia, el cumplimiento de los compromisos asumidos. En otras palabras, si el gobierno municipal planteó en un primer momento alguna política de desarrollo cultural, pero si en su lugar, tal como hemos visto en estos meses, las políticas de ajuste son las dominantes, todo compromiso previo irá al tacho de la basura.

Finalmente, entre los casos repasados durante el taller, en los gobiernos municipales domina una perspectiva que entiende a la extensión universitaria según principios asistencialistas y paternalistas, en la medida en que la universidad es, por esencia, iluminista. Es decir, lo que haga un grupo de estudiantes de la universidad pública debe hacerse para capitalizar políticamente al gobierno de turno y regido por una mirada que excluye la perspectiva de los actores extrauniversitarios involucrados.

Esta situación llevó a una discusión subsidiaria sobre el rol que cumplirá el proyecto de Compromiso Social Universitario que se quiere implementar en la UNC. Según lo expresado por los participantes al taller, existe una honda preocupación de que ese proyecto ratifique esta perspectiva sobre la extensión universitaria, ajustándola a la mirada asistencialista y paternalista sobre la misma. Así, se tirarían por la borda los inmensos avances realizados en los últimos años y que suponen que la extensión es antes bien un conocimiento dialógico.

Ante esta situación, ¿qué se hace? Queda en evidencia que la disparidad de fuerzas entre un gobierno municipal y un grupo de estudiantes y egresados/as es enorme. Así, lo que surgió del debate fueron dos posiciones. Por un lado, preguntarse al momento del diseño del proyecto si vale la pena sumar este tipo de avales –y por extensión, cualquier otro tipo de aval de instituciones que, a priori, se sabe que no cumplirán con el compromiso asumido-. Obviamente, un aval suma al momento de la evaluación del proyecto. Pero se sabe de antemano que es un aval frágil y gaseoso, que se moverá de acuerdo a los tiempos que determine el propio gobierno municipal.

Por otro lado, se sugirió que al momento de solicitar un aval de estas instituciones se tenga bien claro que lo que se solicitará en su momento pueda llevarse a cabo sin mayores reparos. En ese sentido, es importante reconocer que casi inevitablemente dichas acciones se guiarán según la lógica política de las instituciones de este tipo, sin lugar a mayores discusiones. En otras palabras, debe prevalecer una definición pragmática al momento de solicitar estos avales.

Finalmente, otra cuestión que emergió sobre la relación con actores extrauniversitarios (colectivos de trabajos, asociaciones, ONG, fundaciones, etc; esto es, los llamados sujetos sociales del tercer sector), es el desconocimiento de las lógicas de trabajo de los mismos. Muchas veces, lo que se desconoce no son las tareas, objetivos y propuestas de los sujetos con los que se planifican las acciones, sino la forma en que se llevan adelante. Dado que se trata, en muchas oportunidades, de colectivos sociales con una trayectoria previa con sus propias lógicas de trabajo, éstas suelen colisionar con las acciones previstas en un proyecto extensionista.

o que sugirieron los participantes al taller es que, junto con el repaso de los antecedentes de la organización con la que se desarrollará el proyecto, es importante repasar cómo trabajan cotidianamente. Esta cuestión, generalmente es soslayada por los postulantes a becas. Durante el desarrollo del proyecto este desconocimiento puede conducir a desavenencias que se salvarían si se conociera cómo trabajan los colectivos con los que nos relacionamos.

 

Recursos

El tercer conjunto de problemas que surgió durante el taller fue el que tiene que ver con la correcta proyección de los recursos humanos, financieros y materiales necesarios para el desarrollo del proyecto. Los equipos de trabajo expusieron diferentes aspectos que se les escaparon al momento del diseño del proyecto. Entre ellos, tuvieron relevancia el espacio de trabajo para llevar adelante las acciones y el dinero necesario para realizar ciertas actividades.

Sobre el primer punto, los participantes del taller propusieron que no es mala idea considerar algún espacio de trabajo alternativo al momento del diseño del proyecto, dado que ciertos imponderables como el clima, el hecho de que la institución participante niegue el uso del espacio, algún tipo de refacción sobre el edificio o que la cantidad de personas que participen supere la capacidad, pueden generar inconvenientes. De haberse previsto algún espacio alternativo el problema se salda más fácilmente.

A este grupo más tradicional de recursos necesarios para encarar un proyecto, se sumó aquello que podríamos denominar recursos de conocimiento. Éstos se relacionan con el cariz interdisciplinar que un proyecto extensionista suele tener. En este sentido, algunos grupos de trabajo señalaron que durante el trabajo en territorio tuvieron que estudiar cuestiones de otras disciplinas, como la historia, la geografía o los procesos de los movimientos sociales. Para salvar estas situaciones, los grupos señalaron la importancia de los directores del proyecto para sugerir la bibliografía necesaria.

En definitiva, el taller que se realizó el pasado 16 de septiembre fue sumamente estimulante, con discusiones muy interesantes sobre los temas tratados y que permitieron trabajar los problemas y las estrategias adoptadas para salvarlos. Esperemos que este escrito sea un aporte a todos aquellos que se encuentren en la etapa de diseño de un proyecto.